viernes, octubre 07, 2016

La ancha avenida del tedio




La remake de la Renovación Peronista revela una sinceridad que pasó de largo en medio de tanto setentismo. Me acuerdo que escribí -para Le Monde Diplomatique- una nota sobre la década del ochenta, como la década ausente.
Ausente fue la palabra elegida, creo. Hubiera podido ser "desaparecida". La "Década Desaparecida" tiene más cadencia, pero la palabra "desaparecida" tiene otra pregnancia. Además, en los ochenta se sitúa La Ciudad Ausente, de Ricardo Piglia.
No estaba en los itinerarios militares ni militantes esta década del ochenta ni en los calendarios de gestas heroicas ni en las autobiografías de nuestros grandes líderes. Cosa rara porque nuestros grandes líderes cambian su autobiografía cada dos años, dejando a sus hagiógrafos en la mesa de saldo que es la calle Corrientes antes de que las editoriales les encarguen inventar nuevas vidas para políticos grises en ascenso.
La mayoría de los políticos que se empapaban de setentrismo (entrismo al setentismo) fueron formados en los ochenta.
La ancha avenida del tedio nace, también, en los ochenta como proposición, eso fue la Renovación Peronista con Cafiero, Menem, Grosso, De La Sota, Chacho Álvarez, Duhalde; gente que le hizo tanto daño al país que no sé qué carajo se puede reivindicar de ellos, pero ese es otro asunto.
La ancha avenida del tedio se propone "un camino intermedio" entre el macrismo y el kirchnerismo, como si ambas cosas significaran algo tan radicalmente diferente que, en términos hegelianos, deviniera luego en una síntesis.
De dos ficciones antagónicas hacer una tercera sin discordia es un proyecto bastante pelotudo de entrada. Sin embargo, es probable que tenga algún futuro. Puede funcionar, de acá a pocos años.
No por sus méritos, sino porque el antagonismo que necesita para proclamarse neutral, no existe. No hay tesis ni antítesis, hay soja y emisión  o soja y endeudamiento. ¿Es eso un antagonismo que justifique pelearse a los gritos porque Paka Paka es el Pearl Harbor de Disneylandia?
Es, este antagonismo agónico, de una inexistencia tan forzada, tan insistente, tan concentrada que harta. El macrismo y el kirchnerismo conformaron una Sociedad de Socorros Mutuos pero a la gente le chupa un huevo. Si la siguen cansando, lo que aparezca como tercero sin discordia, puede tener alguna chance.
No saldrá de ésto un país mejor, no ayudará a mitigar la desigualdad social, no tendrá ningún costado inspirador ni será gran cosa, sino un reflejo sincero de un clamor que crece: si la dirigencia argentina decidió que un tercio de nuestros habitantes serán pobres por siempre (con todas las consecuencias que eso trae) entonces, por lo menos, no nos rompan las pelotas con tanto griterío, buchonería y payasadas de aburridísimos debates sobre la ubicación exacta de la nada en el paralelo meridiano del universo imaginario.
La ancha avenida del tedio tiene futuro. Les paso el dato a los oportunistas. Tengo olfato para saber por dónde va la cosa.
De nada.
Eso sí, no cuenten conmigo.
Yo ya me aburrí de todo ésto.