sábado, junio 30, 2012

Chupame un huevo





Tengo un pensamiento que coincide -¡al fin!- con las amplias mayorías. El detalle es que no coincide con las minorías ilustradas donde me muevo. O que, todavía, qué boludos, me leen. Lo siento, pero yo creo que una CGT dividida es una buena noticia. 
Entre otras cosas, por que dudo que haya existido, en estos años de avance de los trabajadores, algo así como una CGT.
Y siete centrales sindicales pueden aportarle más dinámica que la poca que, por fuera de cada sindicato, le han aportado las cuatro centrales sindicales existentes en la actualidad.
Hoy existen:
1) La CTA de Yaski. Enrolada en el sabatellismo.
2) La CTA del Fraude, enrolada en el conservadurismo de Binner y el cristianismo mesiánico de De Genero.
3) La CGT de Barrionuevo, enrolada en el Código Penal.
4) La CGT de Moyono, enrolada en el Código Civil.

Existirán, tras el 12 de julio, las mismas centrales sindicales más:


5) La CGT de Tomada, con los gordos y lo peor de la burocracia. }
6) Una CGT clasista, a partir del empoderamiento que trae la fragmentación, de las comisiones internas, fundamentalmente en el lumpenburguesariado, de bases alineadas políticamente con las sectas de la izquierda. 
7) el Ministerio de Trabajo, o sea, la central sindical más importante. 


El peronismo siempre debilita, en el gobierno, a las centrales sindicales. Que no tienen, en realidad, ningún rol como tales. La CTA fue a una elección interna de verdad y se partió. La CGT no estuvo cerca de una elección interna democrática jamás. 


La verdad es que la actual desigualdad social es tributaria de este modelo sindical. No me rompan las pelotas. 


Y se me fueron las ganas de desarrollar el argumento. 
Pero, en síntesis, en este ciclo del capital y del clima política, la profundización del modelo requiere, para decirlo con clichés que nadie entiende, romper esta última corporación. La corporación del capital que se expresa en los sindicatos.
Ya sé, hay mucho boludo afirmando lo contrario, contra toda evidencia histórica y basados en premisas téoricas que desconoce -hay que estudiar a Victorio Codovilla, para saber que cuando se lo repite, como hacen los peronólogos, se incurre en tesis ya hartamente gorilas y equivocadas- pero a mí me importa un carajo. Yo estoy contento con lo que está sucediendo. 
Y ameritaría un debate con los codovillistas de la ortodoxia peronista. Pero no saben discutir. Son demasiado cuadrados para repensar sus dogmas.
Chau.
Los quiero a todos.
 Putitos.